¿En la distancia,
o en lo que aún permanece?
Intento olvidarte
y termino
olvidando otras cosas:
el aire,
la hora,
mi propio pulso.
Hay días
en que olvido vivir,
y eso basta
para sentir que algo
ya terminó.
La brisa llega
y no la nombro.
El mar se mueve
y no me alcanza.
Todo se aleja
como si supiera
tu nombre.
Y entonces
no es tu ausencia
lo que pesa,
sino esta forma
de seguir aquí
sin saber cómo.
Podría acostumbrarme.
Podría dejar de insistir.
Pero hay algo
—mínimo,
terco—
que se niega.
Porque no duele
que te vayas.
Duele
que empieces
a no estar.
No me dejes así.
No me borres
de esa manera.
Muero por tu azoro
Moriría por tu indiferencia
Moriría por tu indiferencia
Al menos,
Pero no me mates de olvido...
2011
Pero no me mates de olvido...
2011
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