lunes, 20 de diciembre de 2010

Ansias

Es tu voz—
baja, casi mínima—
la que toca esto
que no se detiene.
No lo calma.
Lo sostiene.
Arde.
Como algo que no se apaga
aunque se alimente.
Llega en fragmentos.
En lo que dices
sin decirlo todo.
Y basta.
Para que vuelva
la misma inquietud.
No es paz.
Es calor.
Es esa forma
de seguir ardiendo
sin romperse.
Y cuando no estás—
no se enfría.
Se queda.
Se acumula.
Como si esperara
que regreses
a encenderlo mejor.
Siempre ahí.
Siempre atado.
A algo que no veo
pero responde.
Tu nombre—
más adentro
de lo que alcanza la voz.
Y lo repite.
Sin descanso.
Mientras imagina
tu peso
cerca.
Tu respiración.
Ese momento
antes del día.
Cuando todo parece
detenerse—
y no lo hace.
Porque esto sigue.
Esperando.
A que vuelvas.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Auroras muertas

Nada cambia.
Las sombras siguen.
El corazón también,
pero mal.
Se abre.
Se repite.
Se vacía.
No sangra.
Gotea.
Como si la vida
se estuviera yendo
sin prisa.
Tu ausencia no duele.
Desgasta.
El tiempo no pasa.
Muerde.
Y cada mañana
llega igual:
vacía,
sin cuerpo,
sin ti.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Donde dejamos de ser dos

La penumbra
nos deja ver mejor.
Tu piel despierta
antes que la luz.
No dice nada,
pero llama.
Se abre
despacio,
como si supiera
que no hay regreso.
Mi boca aprende
el borde de la tuya.
Tus manos
no dudan.
Todo ocurre
en silencio,
pero arde.
No hay prisa.
Solo ese instante
en que dejamos de ser dos
y algo más
respira entre nosotros.
Nuestra intimidad
no se explica.
Se reconoce.
Y estalla.

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...