sábado, 11 de febrero de 2012

Iracunda

Tus palabras
no llegan:
rondan.
Se repiten
como algo que no se resuelve,
como si hablar
fuera otra forma
de herirte.
Durante años
fuiste firme.
No por fuerza,
sino por costumbre.
Nada te tocaba.
O eso parecía.
El amor
pasó por ti
sin quedarse.
Apenas un soplo,
apenas un rastro
de hojas secas
arrastradas sin rumbo.
Ahora queda esto:
calles abiertas
como heridas,
mirando hacia un cielo
que ya no responde.
Tanta forma,
tanto fondo,
y al final
la misma grieta.
La ira
terminó por alcanzarte.
No de golpe,
sino lento,
desde adentro.
Y lo que fuiste
comienza a ceder.
Pero el fuego
no solo destruye.
También limpia.
Arrasa lo muerto,
lo deja expuesto
Y en ese vacío
—si resistes—
algo puede volver
a comenzar

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...