viernes, 12 de diciembre de 2008

Peregrinos

 ¿Qué te impulsa
a caminar?
¿Fe—
o castigo?
Buscar a Dios es tu destino.
Pero sigues
mirando lejos.
Observa, 
Esta aquí.
En lo que pisas.
En la tierra
que sostiene tu paso.
En la flor
que se abre
sin pedir permiso.
En el agua—
quieta.
En el árbol muerto
que aún guarda forma.
En el fruto
que puedes tomar
y llevarte a la boca.
No levantes tanto la mirada.
El cielo distrae.
Él no está arriba.
Se descompone
y renace
en lo que tienes
más cerca.
En tus células.
En ese pulso
que no decides.
En lo que vibra
sin nombre.
Está en la selva
que no se contiene.
En el desierto
que resiste.
En la lluvia—
que da
y que arranca.
En todo lo que
insiste en ser.
Peregrino—
si lo ves,
no lo cargues.
No hace falta.
Basta con no perderlo
de vista.
Su obra es tan clara
Yo no camino contigo.
Pero me detengo.
Y en esa pausa—
también pregunto.
También escucho.
Y a veces—
lo encuentro así:
sin buscar.
En lo simple.
En lo servido.
En el vaso de agua
a caminar?
¿Fe—
o castigo?
Buscar a Dios es tu destino.
Pero sigues
mirando lejos.
Observa, 
Esta aquí.
En lo que pisas.
En la tierra
que sostiene tu paso.
En la flor
que se abre
sin pedir permiso.
En el agua—
quieta.
En el árbol muerto
que aún guarda forma.
En el fruto
que puedes tomar
y llevarte a la boca.
No levantes tanto la mirada.
El cielo distrae.
Él no está arriba.
Se descompone
y renace
en lo que tienes
más cerca.
En tus células.
En ese pulso
que no decides.
En lo que vibra
sin nombre.
Está en la selva
que no se contiene.
En el desierto
que resiste.
En la lluvia—
que da
y que arranca.
En todo lo que
insiste en ser.
Peregrino—
si lo ves,
no lo cargues.
No hace falta.
Basta con no perderlo
de vista.
Su obra es tan clara
Yo no camino contigo.
Pero me detengo.
Y en esa pausa—
también pregunto.
También escucho.
Y a veces—
lo encuentro así:
sin buscar.
En lo simple.
En lo servido.
En el vaso de agua
Que te he ofrecido.

viernes, 23 de mayo de 2008

Alegoría a un amor

1
No eres luz.
Eres eso
que aparece
cuando todo se apaga.
No me guías.
Pero te sigo.
Como si supiera
que perderme en ti
también es destino.

2
A lo lejos
ya estás en el aire.
No es perfume.
Es algo más bajo,
más cercano al cuerpo.
Te reconozco
antes de tocarte.
Y entonces
mi soledad
se rompe.

3
Tu voz
no truena.
Se mete despacio.
Pero cuando llega
todo lo demás
deja de importar.
No porque desaparezca—
sino porque
ya no pesa.

4
Cuando no estás
no me muero.
Pero algo
deja de sostenerse.
El silencio
no es vacío.
Es tu forma
de quedarte.

5
A veces estás
y no estás.
Te miro
y no sé
si te tengo
o te estoy perdiendo.
Un beso
no resuelve nada.
Pero el cuerpo
sí entiende
lo que la cabeza
no alcanza.

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...