viernes, 20 de mayo de 2011

Desde la barra


Desde la barra
la vida se muestra
como un escaparate.
Rostros inclinados,
manos que no encuentran
dónde quedarse,
conversaciones que empiezan
siempre en el mismo lugar:
lo que fue,
lo que no.
Las palabras
no se dicen:
se disuelven
entre vino y cerveza.
Ahí,
el dolor no desaparece,
pero cambia de forma.
Se vuelve tolerable.
Los que llegan
escuchan a medias,
los que se van
no se llevan nada.
Un ir y venir constante,
como abejas sin colmena,
buscando en el alcohol
algo que se parezca
a descanso.
A veces lo encuentran.
A veces no.
Y aun así,
vuelven.
Porque en ese lugar
nadie está solo del todo.
Se comparten silencios,
recuerdos prestados,
historias que cambian de rostro
pero no de fondo.
Puede ser ella,
puede ser otra,
puede ser el mismo nombre
dicho de distinta forma.
Todo ocurre ahí,
antes de salir
a lo incierto.
La barra
como antesala
de lo que no se controla.
Y en medio de todos,
cada uno
mirándose
sin verse.

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