No hay otra forma.
Te cedo el sueño
antes de que lo tomes.
No hablas,
pero tu silencio
trabaja.
Avanza lento,
abre surcos
donde creía haber olvidado.
Y ahí,
en esa oscuridad espesa,
mi voluntad
empieza a ceder.
Intento sostenerme,
pero no hay dónde.
Todo lo que intento
se deshace
antes de llegar a ser.
Y entonces entiendo:
no es una lucha.
Es desgaste.
Tú no atacas.
Permaneces.
Y eso basta.
Cada noche
vuelves

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