martes, 20 de diciembre de 2011

Luna creciente

Luna clara, hoy
tu mirada no alcanza.
Algo se queda fuera.
Y en eso
crece esta ansiedad.
Que no pide calma.
Pide acercarse.
Beber lo que ocultas.
Lo que guardas
cuando no me miras.
Tus ojos
no mienten del todo.
Pero caen.
Se desvanecen.
Y dejan ver
lo que intentas cubrir.
Eso que nos separa.
Eso que ya no decimos.
Entre nosotros
queda poco.
Y se nota.
Aunque no lo nombres.
Luna clara, 
lo sabes.
Esta distancia
no es grande.
Pero pesada.
Y se instala.
Mi soledad
te busca ahí.
En lo que no dices.
En lo que no das.
En esta noche
quieta.
Pero incompleta.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Minutos

Minuto a minuto
Cada minuto es tuyo.
Así—
mi cómplice eres, tiempo.
Y también
mi verdugo.
Amarte no ocurre en el tiempo.
Ocurre
contra él.
Con el corazón en yugo,
apretando cada instante
hasta que cede.
Por tenerte—
aunque sea en sombra.
Por tocarte
en lo que no permanece.
Las horas pasan
sin decirlo.
Se sientan conmigo.
Esperan.
Mientras te veo llegar
desde lo que duele lejos.
Minuto a minuto—
un pensamiento
nace
y muere
en tu nombre.
Y vuelve.
Siempre vuelve.
Como un golpe de luz
que no ilumina,
solo insiste.
Te repites en mí.
Sin descanso.
Sin salida.
Y este amor—
no avanza.
Late.
Se queda.
Esperando
tu llegada
y tu huida.
Minuto a minuto.
Cada minuto—
soy tuyo.

domingo, 30 de octubre de 2011

Mis muertos

No son memoria.
No solamente.
Ustedes—
los que ya no están—
no se fueron.
Se quedaron
en lo que ahora soy.
Caminan conmigo.
En lo que piso.
En lo que pesa.
En lo que duele.
No habitan otra vida.
Habitan esta.
Aquí—
donde el cuerpo
todavía responde.
Mis muertos
no descansan.
Se mueven
en lo que recuerdo mal,
en lo que no alcanzo a decir,
en lo que insiste.
Son la tierra
que ahora piso.
Son la sangre
que ahora duele.
Y en ese peso—
me sostienen.
Aunque no quiera.
Aunque no sepa.
Siguen.
Esperando
no compañía—
sino lugar.
Un lugar
donde seguir ocurriendo.
En mí.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Insistencia

Aquí
Aquí yacen
esperanzas dormidas.
Como volcanes.
Vivos.
En lo que palpita
sin salida.
Aguardando—
no tu llegada,
sino el momento
en que algo cede.
Suben.
Bajan.
No obedecen.
Se hinchan.
Se rompen.
Y en ese vaivén—
algo en mí
se deshace.
Te busco
en lo que no se contiene.
En lo que se escapa
por los poros.
En lo que arde
sin forma.
Y se queda.
Se fija.
En los ojos.
Como resto.
Como prueba.
Y entonces—
ya no hay medida.
Ni centro.
Ni regreso.
Solo esto:
una insistencia
que no se agota.
Que no aprende.
Que no se detiene.
Y toma—
todo lo que queda.
De mí.
De lo que aún
intenta sostenerse.
Hasta dejar—
apenas—
esto.
Lo que resta
de mi conciencia.
Lo que queda
de razón.

lunes, 11 de julio de 2011

Cuando tu no estás

Las horas
pesan.
No pasan.
Se detienen
en el borde de un latido.
Y algo en mí
empieza a ceder.
Se abre.
Se desangra.
Se escurre lento
como si el cuerpo
no supiera
retenerse.
Gota a gota
hasta no ser más
que una mancha.
Una forma
sin pulso.
Cuando no estás.
El tiempo
no se detiene.
Solo yo.
El péndulo sigue.
Corta.
Marca.
Avanza
sobre lo que queda.
Cruel.
Exacto.
Y en cada golpe
me recuerda
que no vuelves.
Las mañanas
ya no traen nada.
Ni frío.
Ni vacío.
Ni siquiera
tu ausencia.
Solo esto:
un latido
incompleto.

viernes, 20 de mayo de 2011

Desde la barra


Desde la barra
la vida se muestra
como un escaparate.
Rostros inclinados,
manos que no encuentran
dónde quedarse,
conversaciones que empiezan
siempre en el mismo lugar:
lo que fue,
lo que no.
Las palabras
no se dicen:
se disuelven
entre vino y cerveza.
Ahí,
el dolor no desaparece,
pero cambia de forma.
Se vuelve tolerable.
Los que llegan
escuchan a medias,
los que se van
no se llevan nada.
Un ir y venir constante,
como abejas sin colmena,
buscando en el alcohol
algo que se parezca
a descanso.
A veces lo encuentran.
A veces no.
Y aun así,
vuelven.
Porque en ese lugar
nadie está solo del todo.
Se comparten silencios,
recuerdos prestados,
historias que cambian de rostro
pero no de fondo.
Puede ser ella,
puede ser otra,
puede ser el mismo nombre
dicho de distinta forma.
Todo ocurre ahí,
antes de salir
a lo incierto.
La barra
como antesala
de lo que no se controla.
Y en medio de todos,
cada uno
mirándose
sin verse.

jueves, 10 de febrero de 2011

Te vas

Te vas
Partir
es dejar el alma
colgada
en el perchero oscuro de tu ausencia.
Y el cuerpo
irse sin peso,
como tronco en río lento,
sin decidir nada.
A la deriva.
Se va tu voz.
Tu risa.
Tu forma de decir mi nombre.
Se queda
lo que no se ve:
el olor
clavado en la memoria,
la piel
que todavía arde.
No digo nada.
Callo
porque decirlo
lo rompería todo.
El tiempo se abre
como una herida larga.
Y yo
no avanzo.
Me quedo suspendido
esperando tu regreso
como si aún fuera posible.
Pero no lo es.
Y aun así—
el corazón
no aprende.
Se queda contigo.
Y contigo
se me va la vida.

domingo, 6 de febrero de 2011

Hambre

Resbalo
por tus labios.
Y algo en mí
cede.
Mi boca—
herrumbre.
La tuya
fuego.
Se consume el asombro.
Se derrite.
Y lo que queda
no piensa.
Es instinto.
Primitivo.
Me vuelvo otro.
Áspero.
Casi salvaje.
Te tomo
como si el cuerpo
supiera antes que yo.
Tu piel
no resiste.
Se abre.
Responde.
Y en ese roce—
te devoro.
No hay ternura aquí.
Hay hambre.
Animal nocturno.
Silencioso.
Preciso.
Me entrego
sin medida.
Y en el fondo—
no queda nada limpio.
Solo restos.
Mi osamenta
cansada de sostenerse.
Y aun así
vuelvo.
Como lobo.
Hambriento.
A lo mismo.
A tu boca.
A tu cuerpo.
A esa forma
de perderme
que no sé dejar.







Basta con cerrar los ojos

Para hacerte presente—
basta cerrar los ojos.
No desapareces.
Te quedas.
El tiempo—
no te llevó.
Solo te cambió de lugar.
Te hundió
en lo que aún respira.
Y ahí—
creces.
Sin permiso.
Sin medida.
Lo que fue
no terminó.
Se repite.
Se rehace
con cada recuerdo
que insiste.
Ahora—
no hay distancia.
No hay cuerpo.
Solo una forma tuya
dentro de mí.
Que no se desprende.
Que no cede.
Que vuelve—
cada vez
más honda.
Y en ese fondo—
algo en mí
se rinde.
Se dobla.
No por ternura.
Por desgaste.
Por no poder
dejar de volver.
Y aun así—
si tuviera que caer
otra vez—
lo haría.
Sin pregunta.
Sin defensa.
A ese lugar
donde ya no soy
del todo.

lunes, 24 de enero de 2011

Tregua

La pauta que marcas hoy
en esta tregua
no es alivio.
Es una dádiva amarga.
Algo que se concede
cuando ya no se sostiene.
Promesa cumplida
pero a medias.
Sirve apenas
para cruzar
este tramo
donde aún decimos
“nosotros”.
Brindo
con lo que me queda.
No es esperanza.
Es costumbre.
Y aun así
te pido—
no tardes en volver.
Porque este camino
sin ti
no se vacía.
Se vuelve árido.
Se queda.
Y pesa.
El cielo sigue ahí.
Pero no alumbra.
Es negro.
Sin el rastro
de tus ojos.
Sin eso
Que todo 
lo iluminaba. 

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...