sábado, 11 de agosto de 2007

A veces

A veces callas
y te borro.
Eso creo.
Porque te disuelves,
pero no desapareces.
Te quedas.
En los cristales.
Como resto.
Como algo que no limpia.
A veces no pesas.
Eres nada.
Pero vuelves—
y te vuelves exacta.
Incisiva.
Irreverente.
Entonces cortas.
Sin aviso.
Descargas el filo
de tu furia
como si supieras
dónde.
Te odio.
Y aun así
te dejo entrar.
Pesas.
Como lastre.
Y hundes todo
lo que intento sostener.
Mis despojos.
Lo poco que queda.
Y cuando golpeas—
no levantas la voz.
Usas la ironía.
Como fuete.
Y ahí
sin defensa—
mi agonía
corre.
Se desboca.
Y al final
no queda nada nuevo.
Solo esto:
sigues.
Aunque no estés.

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...