martes, 22 de agosto de 2000

Epilogo, epitafio

Aquí yace mi tesoro.
Una parte de mi vida
que arranqué de mis entrañas.
Más que sangre, carne y hueso,
es refugio de mi alma.
No es secuela de recuerdos
ni de los años.
Tampoco huella del tiempo,
ni cicatriz
de los arrebatos
que el amor dejó.
Aquí yace mi tesoro:
un tanto absurdo,
irónico,
abstracto,
pero íntegro,
sincero.
Quizás incomprendido,
hasta ahora ignorado.
No es la quimera de una vida,
pero sostiene
el equilibrio de mi ser.
Y en fragmentos
dibuja una utopía
que aún me mira de frente.
Abnegada,
apacible,
mi imaginación,
doblegada,
ebria de desvelos
y desencuentros,
Pero que jamás
 fueron en vano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...