vayamos juntos
de la mano.
La tarde comienza a rendirse,
se inclina sobre el campo
como quien no quiere irse.
Mira cómo la luz
se derrama entre la hierba,
cómo se queda un instante
en las hojas,
en el lomo tibio del viento
Hasta consumirse
Ven,
no digas nada.
Escuchemos
el rumor leve del día
que se despide
sin prisa.
El horizonte se enciende,
luego se apaga
como brasa tranquila
entre la bruma.
Caminemos.
El prado guarda
el paso de las horas,
y algo en nosotros
aprende a quedarse.
La tarde
no duele aquí.
Solo se recuesta
sobre la tierra
y descansa.
Y nosotros,
sin buscarlo,
nos volvemos parte
de su silencio
Cuando todo se apaga
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