Inmensa,
te extiendes
en verdes, ocres, sepias,
como si el paisaje
respirara en tu piel.
Te cubres de caminos vivos,
de polvo y viento,
de curvas que se abren
sin prisa.
Eres tierra
y también cuerpo.
Tus lomas,
suaves,
se levantan
como promesa.
Tus cumbres
marcan el horizonte
al que avanzo
sin conocerlo del todo.
En tus orillas
los recuerdos aparecen,
viejos,
difusos,
como miradas
que no regresan.
Y al fondo,
los atardeceres
arden en rojo
hasta deshacerse.
Carretera,
hay algo en ti
que no se nombra,
pero guía.
Algo que atrae,
que envuelve,
que permanece.
Y mientras avanzo,
el aire cambia,
se vuelve fresco,
casi íntimo.
Como si el día
al tocarte
aprendiera

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