Para Daniela. 30/enero/2014
Afuera,
los pájaros
anuncian la mañana.
Adentro—
tú.
los pájaros
anuncian la mañana.
Adentro—
tú.
Tendida a mi lado.
Inmóvil.
Ajena
al ruido
del mundo.
Abrigada
por estas manos
que reposan
en tu cabello.
Lo que me sostuvo
de caer—
cada mañana
me sostiene.
La luz
entra discreta.
Y tu mirada inocente
le ofrece
un lugar.
Se detiene.
Hace una pausa.
Reverbera
y se va.
Como si tocarte
bastara.
Porque al mirarte—
así,
extendida,
la claridad
pierde sentido.
Lo que antes
iluminaba
ya no hace falta.
Algo cede.
La oscuridad
a la que mis ojos
estaban habituados—
se disuelve.
Hoy—
tú
eres eso.
Lo que aclara
sin imponerse.
Lo que basta
para quedarme.
Para cerrar los ojos
y, aun así,
descansar.
Aunque la tiniebla
insista
en cubrirlo todo,
otra vez.
Inmóvil.
Ajena
al ruido
del mundo.
Abrigada
por estas manos
que reposan
en tu cabello.
Lo que me sostuvo
de caer—
cada mañana
me sostiene.
La luz
entra discreta.
Y tu mirada inocente
le ofrece
un lugar.
Se detiene.
Hace una pausa.
Reverbera
y se va.
Como si tocarte
bastara.
Porque al mirarte—
así,
extendida,
la claridad
pierde sentido.
Lo que antes
iluminaba
ya no hace falta.
Algo cede.
La oscuridad
a la que mis ojos
estaban habituados—
se disuelve.
Hoy—
tú
eres eso.
Lo que aclara
sin imponerse.
Lo que basta
para quedarme.
Para cerrar los ojos
y, aun así,
descansar.
Aunque la tiniebla
insista
en cubrirlo todo,
otra vez.