Y en mi locura
hay lucidez
y amargura.
hay lucidez
y amargura.
De ahí nace la obra:
un trazo torcido,
una herida que insiste.
Es ella—
la prostituta triste—
quien piensa por mí,
quien sostiene la metáfora.
Me seduce
con palabras sucias,
dichas apenas,
como si temieran existir.
Y revientan
en un llanto
que libera
y traiciona.
Sus ojos—
cansados,
extrañamente gentiles—
observan
los hábitos de mi soledad.
cansados,
extrañamente gentiles—
observan
los hábitos de mi soledad.
Hoy ya no bastan.
Hoy me arrastran.
Hoy me arrastran.
Y en esa ansiedad
que se alimenta de mi cordura,
mi desequilibrio
permanece:
callado,
escondido.
que se alimenta de mi cordura,
mi desequilibrio
permanece:
callado,
escondido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario