lunes, 11 de julio de 2011

Cuando tu no estás

Las horas
pesan.
No pasan.
Se detienen
en el borde de un latido.
Y algo en mí
empieza a ceder.
Se abre.
Se desangra.
Se escurre lento
como si el cuerpo
no supiera
retenerse.
Gota a gota
hasta no ser más
que una mancha.
Una forma
sin pulso.
Cuando no estás.
El tiempo
no se detiene.
Solo yo.
El péndulo sigue.
Corta.
Marca.
Avanza
sobre lo que queda.
Cruel.
Exacto.
Y en cada golpe
me recuerda
que no vuelves.
Las mañanas
ya no traen nada.
Ni frío.
Ni vacío.
Ni siquiera
tu ausencia.
Solo esto:
un latido
incompleto.

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