basta cerrar los ojos.
No desapareces.
Te quedas.
El tiempo—
no te llevó.
Solo te cambió de lugar.
Te hundió
en lo que aún respira.
Y ahí—
creces.
Sin permiso.
Sin medida.
Lo que fue
no terminó.
Se repite.
Se rehace
con cada recuerdo
que insiste.
Ahora—
no hay distancia.
No hay cuerpo.
Solo una forma tuya
dentro de mí.
Que no se desprende.
Que no cede.
Que vuelve—
cada vez
más honda.
Y en ese fondo—
algo en mí
se rinde.
Se dobla.
No por ternura.
Por desgaste.
Por no poder
dejar de volver.
Y aun así—
si tuviera que caer
otra vez—
lo haría.
Sin pregunta.
Sin defensa.
A ese lugar
donde ya no soy
del todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario