sábado, 22 de marzo de 2025

Sonora

 

Sonora,

no compareces como paisaje,
sino como una forma persistente de origen

En ti, la luz no es un fenómeno,
es una afirmación:
se instala, pesa, delimita,
nombra con precisión lo que permanece

He recorrido otras latitudes,
he habitado territorios donde el horizonte
se disuelve en la humedad y la distancia,
pero en ninguno
la tierra pronuncia mi historia
con la exactitud mineral de tus llanuras

 Tus sierras —fracturas antiguas—

no interrumpen el desierto: lo sostienen
Y en esa continuidad austera
aprendí que la intemperie también es abrigo
cuando se reconoce como propia

Hay en tu extensión
un punto que no figura en los mapas,
una coordenada mínima,
irrepetible,

donde la vida dejó de ser promesa
para volverse irrevocable

No lo nombro,
pero todo en mí regresa ahí

Porque todo, lo valioso, lo esencial

Me lo has entregado tú

Desde entonces,

mi manera de estar en el mundo
quedó ligada a tu temperatura,
a la forma en que el sol no concede tregua
y, sin embargo,
permite la persistencia.

Incluso ahora,

a la distancia,

te llevo inscrita
no como símbolo,
sino como trazo:

una delimitación precisa sobre la piel,
un contorno que no pretende representar,
sino recordar
que hubo un territorio capaz de contenerlo todo.

Sonora,
no te pertenezco:
pero estoy atado a tu forma
con la gratitud de quien reconoce


que lo esencial
no se elige,


solo ocurre

y permanece.

 

 

Uriel Flores

Marzo 2026

miércoles, 24 de mayo de 2023

Mariposa

Hubo un tiempo
en que no eras.
Y aun así—
algo en ti
ya aguardaba.
Ahora vas
de flor en flor.
No eliges.
Trazas
en el aire.
Un recorrido
que parece errático—
pero no lo es.
Te detienes.
Tomas.
Sigues y te vas.
Y en ese ir—
dejas.
La luz
te concede el color.
Sin ella—
no hay manera
de verte.
Solo paso.
Solo transición.
Pero antes—
hubo encierro.
Materia detenida
ansiosa de reconstrucción
Un cuerpo
que se deshizo
para volverse otro.
¿Dolió?
La metamorfosis
no fue opción.
Ocurrió.
Sin preguntar.
Sin resistirse.
Y ahora—
eres eso que veo
lo que cambia
sin saberlo.
Mientras nosotros—
solo miramos.
Nombramos.
Intentamos retener
lo que no se queda.
Pero no cambiamos.
Solo imitamos el color.

martes, 23 de mayo de 2023

Cuando pienso en ti

A veces pienso en ti.
No como antes,
sino en esos momentos breves
en que algo se abre
sin aviso.
Te recuerdo así:
pequeña,
apresurada,
escondiendo los pies fríos
entre las sábanas
como si el mundo
no pudiera alcanzarte ahí.
Tu cuerpo,
más que visto,
presentido.
Y en el pecho
todavía ocurre
esa memoria mínima:
la caricia incierta
de tus dedos,
la voz entrecortada
buscando decir algo
que nunca terminaba.
A veces vuelves
no entera,
sino en pedacitos:
un gesto,
un roce,
una respiración agitada .
Y yo
—sin moverme—
escucho
lo que no dijiste 

domingo, 4 de diciembre de 2022

Reencuentro

Esa tarde
te miré a los ojos
otra vez.
No fue el tiempo,
fue algo más breve:
un golpe
que no avisa.
La memoria
no llegó completa,
vino en fragmentos,
en ráfagas,
como aves que alzan vuelo
de pronto
y dejan el árbol
expuesto.
Así quedó el pecho:
abierto.
No dije nada.
Solo respiré
ese aire leve
que traías contigo,
ese movimiento mínimo
de tu cabello
rozando el mundo.
Y en ese instante,
sin buscarlo,
todo lo que creía distante
volvió
sin nombre.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Tahéjöc


No es la niebla la que llega del mar,
sino un aliento seco,
una luz que arde en el aire
y se posa sobre la piel como un recuerdo antiguo.
He caminado lejos,
he visto montañas ajenas
y valles que no pronuncian mi nombre,
pero ninguna distancia logra borrar
el trazo ardiente de tus horizontes.
Tus playas,
oscuras al amanecer,
se abren como cicatrices de arena
bajo un cielo que nunca se rinde.
Y el desierto —
ese incendio detenido—
guarda en silencio
los pasos de quienes aprendimos a mirar
sin esperar sombra.
Atravieso en la memoria
tus tardes encendidas,
cuando el sol se deshace en brasas
y el mundo parece sostenerse
apenas
sobre un hilo de fuego.
Hubo noches,
lo recuerdo,
en que la voz humana
se alzaba contra la inmensidad,
y cantar era una forma de no perderse,
de nombrar la vida
antes de que el viento la reclamara.
En la isla,
hay días en que la luz pesa
y otros en que el llanto se evapora
antes de tocar la tierra,
pero siempre —siempre—
algo en mí regresa
a ese punto exacto
donde el calor no hiere,
sino reconoce.
Como brasas que no se extinguen,
como una herida que no duele,
sino recuerda,
así permaneces:
no como un lugar,
sino como aquello
de lo que nunca se parte del todo.

sábado, 11 de junio de 2022

Fotografía

En blanco y negro
se entretejen los secretos de la luz.
Un universo queda enmarcado
en los lindes del instante,
preso del tiempo,
destinado a la posteridad
y al olvido.
La imagen relata
una historia extensa
en un fragmento.
Colores intensos
dan vida a lo detenido,
a ese momento irrepetible
que no volverá a ser
y, sin embargo,
permanece.
La mirada lo fija.
La oscuridad,
tarde o temprano,
lo devora.

domingo, 30 de mayo de 2021

Sin orilla

Se aproxima.
No desde afuera.
Desde dentro.
Como algo
que ya estaba.
Se abre.
Y toma forma
sin nombrarse.
No hay dos.
No hay distancia.
Solo esto
que se junta.
Que se mezcla.
Que borra el límite.
La voz
no distingue origen.
El pulso
no sabe a quién pertenece.
Y sin embargo—
permanece.
Se sostiene.
Se reconoce
sin separarse.
Nada se pierde.
Nada vuelve.
Se integra.
Se disuelve.
En una sola continuidad.
Sin borde.
Sin regreso.
Sin orilla.

lunes, 3 de mayo de 2021

Amorfo

Sin forma
Se mueve.
No se decide.
Ocurre.
La palabra aparece
antes de pensarse.
Y sigue.
Encadena otra.
Y otra.
No hay inicio.
No hay quien empiece.
Solo continuidad.
Un trazo
que no se interrumpe.
Las manos
responden.
Pero no preguntan.
El gesto se cumple.
Sin intención.
Sin motivo.
Se articula sonido.
Se sostiene.
Se repite.
Como si algo
ya supiera
cómo debe hacerse.
Y lo hace.
Sin error.
Sin duda.
No hay distancia
entre lo que ocurre
y lo que se nombra.
Es lo mismo.
Todo coincide.
Todo encaja.
Sin fricción.
Sin borde.
Sin afuera.
Permanece.
Eso que permanece.
Sin forma.
Sin centro.
Sin necesidad de ser.
Y aun así—
sigue.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Combustión

Un día
todo ardió.
No hubo aviso.
El fuego
ya estaba adentro.
No era furia,
era presión acumulada,
una grieta
que terminó por ceder.
Lo demás vino solo:
la caída,
el desorden,
lo que no pudo sostenerse.
Quedó un espacio abierto,
no vacío,
sino saturado
de restos.
Ahí,
entre lo que se vino abajo,
aparecen fragmentos
de algo más antiguo:
una forma de mí
que no sobrevivió.
La juventud
no pasó,
se consumió.
Es ahora
ceniza fría
de un bosque
que aún humea.
Y sin embargo,
debajo,
en lo más oscuro
de la tierra húmeda,
algo persiste.
No lo visible.
Lo que espera.
Lo que no necesita luz
para seguir.

sábado, 10 de octubre de 2020

Desde adentro

Algo en mí
empieza a descomponerse
cuando cae la noche.
No es el cuerpo.
Es otra cosa.
Una caída lenta,
sin fondo,
como si el pensamiento
no encontrara dónde detenerse.
Los grillos insisten.
El desierto responde
con un eco
que no es del todo real.
Hay algo más.
No lo veo,
pero está.
Se mueve en los bordes,
donde la luz ya no alcanza.
El rechinar de los dientes
no es sonido:
es señal.
El cuerpo, tibio,
todavía resiste.
Me incorporo.
Respiro.
Compruebo,
con una certeza incómoda,
que aún no soy un cadáver.
No uno frío,
al menos.
Las horas avanzan
sin orden,
como si alguien más
las estuviera contando.
Y entonces aparecen.
No figuras,
no sombras,
sino esa sensación
de estar siendo observado
desde adentro.
De ser medido,
pesado,
expuesto.
No dicen nada.
No hace falta.
Saben.
Y eso basta.

jueves, 10 de septiembre de 2020

La peste

La tragedia que hoy nos alcanza
no llegó con estruendo,
vino en la boca,
en el aire,
en lo que no se ve
y sin embargo habita.
Nos cerraron las puertas
—o las cerramos—
y aprendimos a temer
el aliento del otro.
La muerte,
paciente,
recorre las casas
sin tocar.
Se lleva primero
a quienes ya estaban cansados,
y deja atrás
a los que aún no comprenden.
En algunas habitaciones
la risa persiste,
no como burla,
sino como ignorancia
de lo irreversible.
La ciudad se vacía.
Las calles,
por primera vez,
no nos necesitan.
Algo respira mejor
sin nosotros.
Las aves bajan,
las flores ocupan el espacio,
las bestias —reales o imaginadas—
recuperan el territorio
que creímos nuestro.
Y mientras tanto,
seguimos esperando
alguna forma de redención:
una fecha,
un rito,
una promesa repetida
cada año.
Pero no hay voz
que ordene el caos.
Ni señal
que nos devuelva medida.
Solo este silencio,
extendido,
como si el mundo
hubiera decidido
detenerse
sin pedirnos permiso.
Lo demás
—lo que fuimos—
quedará
para después.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Palabras en el tintero

Hay palabras
que no llegan a nacer.
Se quedan ahí,
espesas,
sin forma,
rozando apenas
lo que pudieron haber sido.
No son silencio,
son algo peor:
un ruido detenido
en la garganta.
Una boca abierta
que nadie escucha.
Hay un pulso insistente
en lo que no se dijo,
como si el tiempo
no hubiera sido suficiente
para sostenerlo.
Quedó a medias,
como un gesto
interrumpido por la duda,
como un cuerpo
que no termina de entregarse.
¿Dónde van
esas palabras?
¿En qué parte del recuerdo
se acomodan
sin deshacerse?
Lo que se forjó
a golpes de insistencia,
lo que parecía destinado
a quedarse,
termina reducido
a un instante
que vuelve
cada vez que lo nombras.
Y sin embargo,
siguen ahí.
Con una urgencia oscura
por existir,
girando sin peso,
sin destino,
esperando una superficie
que las soporte,
una mano
que se atreva
a darles forma.

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...