sábado, 10 de septiembre de 2022

Tahéjöc


No es la niebla la que llega del mar,
sino un aliento seco,
una luz que arde en el aire
y se posa sobre la piel como un recuerdo antiguo.
He caminado lejos,
he visto montañas ajenas
y valles que no pronuncian mi nombre,
pero ninguna distancia logra borrar
el trazo ardiente de tus horizontes.
Tus playas,
oscuras al amanecer,
se abren como cicatrices de arena
bajo un cielo que nunca se rinde.
Y el desierto —
ese incendio detenido—
guarda en silencio
los pasos de quienes aprendimos a mirar
sin esperar sombra.
Atravieso en la memoria
tus tardes encendidas,
cuando el sol se deshace en brasas
y el mundo parece sostenerse
apenas
sobre un hilo de fuego.
Hubo noches,
lo recuerdo,
en que la voz humana
se alzaba contra la inmensidad,
y cantar era una forma de no perderse,
de nombrar la vida
antes de que el viento la reclamara.
En la isla,
hay días en que la luz pesa
y otros en que el llanto se evapora
antes de tocar la tierra,
pero siempre —siempre—
algo en mí regresa
a ese punto exacto
donde el calor no hiere,
sino reconoce.
Como brasas que no se extinguen,
como una herida que no duele,
sino recuerda,
así permaneces:
no como un lugar,
sino como aquello
de lo que nunca se parte del todo.

sábado, 11 de junio de 2022

Fotografía

En blanco y negro
se entretejen los secretos de la luz.
Un universo queda enmarcado
en los lindes del instante,
preso del tiempo,
destinado a la posteridad
y al olvido.
La imagen relata
una historia extensa
en un fragmento.
Colores intensos
dan vida a lo detenido,
a ese momento irrepetible
que no volverá a ser
y, sin embargo,
permanece.
La mirada lo fija.
La oscuridad,
tarde o temprano,
lo devora.

domingo, 30 de mayo de 2021

Sin orilla

Se aproxima.
No desde afuera.
Desde dentro.
Como algo
que ya estaba.
Se abre.
Y toma forma
sin nombrarse.
No hay dos.
No hay distancia.
Solo esto
que se junta.
Que se mezcla.
Que borra el límite.
La voz
no distingue origen.
El pulso
no sabe a quién pertenece.
Y sin embargo—
permanece.
Se sostiene.
Se reconoce
sin separarse.
Nada se pierde.
Nada vuelve.
Se integra.
Se disuelve.
En una sola continuidad.
Sin borde.
Sin regreso.
Sin orilla.

lunes, 3 de mayo de 2021

Amorfo

Sin forma
Se mueve.
No se decide.
Ocurre.
La palabra aparece
antes de pensarse.
Y sigue.
Encadena otra.
Y otra.
No hay inicio.
No hay quien empiece.
Solo continuidad.
Un trazo
que no se interrumpe.
Las manos
responden.
Pero no preguntan.
El gesto se cumple.
Sin intención.
Sin motivo.
Se articula sonido.
Se sostiene.
Se repite.
Como si algo
ya supiera
cómo debe hacerse.
Y lo hace.
Sin error.
Sin duda.
No hay distancia
entre lo que ocurre
y lo que se nombra.
Es lo mismo.
Todo coincide.
Todo encaja.
Sin fricción.
Sin borde.
Sin afuera.
Permanece.
Eso que permanece.
Sin forma.
Sin centro.
Sin necesidad de ser.
Y aun así—
sigue.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Combustión

Un día
todo ardió.
No hubo aviso.
El fuego
ya estaba adentro.
No era furia,
era presión acumulada,
una grieta
que terminó por ceder.
Lo demás vino solo:
la caída,
el desorden,
lo que no pudo sostenerse.
Quedó un espacio abierto,
no vacío,
sino saturado
de restos.
Ahí,
entre lo que se vino abajo,
aparecen fragmentos
de algo más antiguo:
una forma de mí
que no sobrevivió.
La juventud
no pasó,
se consumió.
Es ahora
ceniza fría
de un bosque
que aún humea.
Y sin embargo,
debajo,
en lo más oscuro
de la tierra húmeda,
algo persiste.
No lo visible.
Lo que espera.
Lo que no necesita luz
para seguir.

sábado, 10 de octubre de 2020

Desde adentro

Algo en mí
empieza a descomponerse
cuando cae la noche.
No es el cuerpo.
Es otra cosa.
Una caída lenta,
sin fondo,
como si el pensamiento
no encontrara dónde detenerse.
Los grillos insisten.
El desierto responde
con un eco
que no es del todo real.
Hay algo más.
No lo veo,
pero está.
Se mueve en los bordes,
donde la luz ya no alcanza.
El rechinar de los dientes
no es sonido:
es señal.
El cuerpo, tibio,
todavía resiste.
Me incorporo.
Respiro.
Compruebo,
con una certeza incómoda,
que aún no soy un cadáver.
No uno frío,
al menos.
Las horas avanzan
sin orden,
como si alguien más
las estuviera contando.
Y entonces aparecen.
No figuras,
no sombras,
sino esa sensación
de estar siendo observado
desde adentro.
De ser medido,
pesado,
expuesto.
No dicen nada.
No hace falta.
Saben.
Y eso basta.

jueves, 10 de septiembre de 2020

La peste

La tragedia que hoy nos alcanza
no llegó con estruendo,
vino en la boca,
en el aire,
en lo que no se ve
y sin embargo habita.
Nos cerraron las puertas
—o las cerramos—
y aprendimos a temer
el aliento del otro.
La muerte,
paciente,
recorre las casas
sin tocar.
Se lleva primero
a quienes ya estaban cansados,
y deja atrás
a los que aún no comprenden.
En algunas habitaciones
la risa persiste,
no como burla,
sino como ignorancia
de lo irreversible.
La ciudad se vacía.
Las calles,
por primera vez,
no nos necesitan.
Algo respira mejor
sin nosotros.
Las aves bajan,
las flores ocupan el espacio,
las bestias —reales o imaginadas—
recuperan el territorio
que creímos nuestro.
Y mientras tanto,
seguimos esperando
alguna forma de redención:
una fecha,
un rito,
una promesa repetida
cada año.
Pero no hay voz
que ordene el caos.
Ni señal
que nos devuelva medida.
Solo este silencio,
extendido,
como si el mundo
hubiera decidido
detenerse
sin pedirnos permiso.
Lo demás
—lo que fuimos—
quedará
para después.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Palabras en el tintero

Hay palabras
que no llegan a nacer.
Se quedan ahí,
espesas,
sin forma,
rozando apenas
lo que pudieron haber sido.
No son silencio,
son algo peor:
un ruido detenido
en la garganta.
Una boca abierta
que nadie escucha.
Hay un pulso insistente
en lo que no se dijo,
como si el tiempo
no hubiera sido suficiente
para sostenerlo.
Quedó a medias,
como un gesto
interrumpido por la duda,
como un cuerpo
que no termina de entregarse.
¿Dónde van
esas palabras?
¿En qué parte del recuerdo
se acomodan
sin deshacerse?
Lo que se forjó
a golpes de insistencia,
lo que parecía destinado
a quedarse,
termina reducido
a un instante
que vuelve
cada vez que lo nombras.
Y sin embargo,
siguen ahí.
Con una urgencia oscura
por existir,
girando sin peso,
sin destino,
esperando una superficie
que las soporte,
una mano
que se atreva
a darles forma.

martes, 14 de julio de 2020

Eras camino

Tiempo,
no como juez,
sino como aquello
que no se detiene
aunque uno insista.
Te nombro
y no apareces.
Pero estás
en todo lo que falta.
Devuélveme
no los años,
sino las escenas:
el barrio,
los zaguanes abiertos,
el olor a café
subiendo por la mañana,
un grito atravesando la calle
como si todavía importara.
Las azoteas,
los balcones
donde la vida parecía quedarse
un poco más.
Ahí sigo,
aunque ya no esté.
Tú pasaste,
y no te llevaste nada:
fui yo
quien no supo quedarse.
Ahora lo entiendo.
No eras enemigo.
Eras camino.
Y al final,
cuando mi nombre
ya no me pertenezca,
cuando alguien más
ocupe este lugar que ahora habito,
serás tú
quien me termine de borrar.
Por eso te pido
no que regreses,
sino que me dejes
mirar sin prisa
lo que ya no volverá 

jueves, 30 de enero de 2014

Luz reverberante

Para Daniela. 30/enero/2014 
Afuera,
los pájaros
anuncian la mañana.
 
Adentro—
tú.
 
Tendida a mi lado.
Inmóvil.
Ajena
al ruido
del mundo.
 
Abrigada
por estas manos
que reposan
en tu cabello.
 
Lo que me sostuvo
de caer—
cada mañana
me sostiene.
 
La luz
entra discreta.
 
Y tu mirada inocente
le ofrece
un lugar.
 
Se detiene.
Hace una pausa.
Reverbera
y se va.
 
Como si tocarte
bastara.
 
Porque al mirarte—
así,
extendida,
la claridad
pierde sentido.
 
Lo que antes
iluminaba
ya no hace falta.
 
Algo cede.
 
La oscuridad
a la que mis ojos
estaban habituados—
se disuelve.
 
Hoy—
tú
eres eso.
 
Lo que aclara
sin imponerse.
Lo que basta
para quedarme.
 
Para cerrar los ojos
y, aun así,
descansar.
 
Aunque la tiniebla
insista
en cubrirlo todo,
otra vez.

jueves, 20 de junio de 2013

Taza de café

Llueve en la ciudad.
Y pienso en ti.
La tierra mojada
deja en el aire
un rastro
que se parece a tu boca.
Cierro los ojos.
Y ahí estás.
El sabor leve,
la humedad contenida,
como si aún quedara
algo tuyo
en mis labios.
Llueve.
Y mientras llueve
te nombro sin decirlo,
te acerco sin tocarte.
El café humea
entre mis manos,
y en cada sorbo
vuelves,
tibia,
persistente.
Como si la distancia
no alcanzara.
Como si el cuerpo
recordara solo.
Y entonces
todo se reduce a esto:
la lluvia,
el vapor,
mi respiración…
y tu ausencia
ocupándolo todo
Como en esta taza de café 

Soledad

No llega.
Se instala.
Como si ya viviera aquí.
No hace ruido.
Pero mueve cosas.
Tu recuerdo, por ejemplo.
Lo deja abierto
como una herida
que no termina.
A veces
parece irse.
Se lleva su sombra
por un momento.
Y uno cree—
que ya pasó.
Pero vuelve.
Siempre vuelve.
No con violencia.
Con costumbre.
Y entonces
te pienso.
Sin querer.
Vienes
y te vas.
Como si nunca hubieras sido mía.
Y yo
me quedo
con lo que falta.

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...