Llueve en la ciudad.
Y pienso en ti.
La tierra mojada
deja en el aire
un rastro
que se parece a tu boca.
Cierro los ojos.
Y ahí estás.
El sabor leve,
la humedad contenida,
como si aún quedara
algo tuyo
en mis labios.
Llueve.
Y mientras llueve
te nombro sin decirlo,
te acerco sin tocarte.
El café humea
entre mis manos,
y en cada sorbo
vuelves,
tibia,
persistente.
Como si la distancia
no alcanzara.
Como si el cuerpo
recordara solo.
Y entonces
todo se reduce a esto:
la lluvia,
el vapor,
mi respiración…
y tu ausencia
ocupándolo todo
Como en esta taza de café
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