sábado, 4 de agosto de 2012

LOCURA


Vuelcos
de mi mente
transgredida.
Errante,
sin lugar.
Algo se torció.
No sé cuándo.
No sé dónde.
Pero pasó.
La visión ya no es limpia.
Se rompe.
Se desdobla.
Y lo que veo
no coincide
con lo que es.
Intento nombrarlo.
No puedo.
Las palabras
no alcanzan.
O sobran.
Y en ese ruido
me quedo solo.
No porque el mundo
se haya ido,
sino porque yo
dejé de estar en él.



EXILIO

Partir
a un lugar sin ocaso.
Pies que sostienen
osamentas.
Forzados
a un andar errático
sobre una tierra nueva
que no salva.
La misma soledad
que creí dejar atrás
me alcanza.
Llega primero,
como un relámpago.
Después,
el estruendo.

jueves, 26 de julio de 2012

Pudor

En la inverosímil penumbra
nuestra intimidad nocturna.
En esta noche que declina,
tu desnudez,
resplandeciente,
todo lo ilumina.

silenciosa

Mi pensamiento es deseo,
brasa viva.
Late sin pausa
aunque no estés.
Tu ausencia
lo consume lento,
como un fuego
que no se apaga.
Pero basta un gesto,
una mirada tuya,
para encenderlo de nuevo.
Eres la chispa.
El soplo breve
que lo aviva
y lo incendia todo. 
Y en ese ardor
—contenido,
insistente—
se queda mi cuerpo,
esperando.
Aunque tú
estés silente.

Tu aroma

Hay un tanto de ti,
un tanto de mí
en este aire tibio
que se respira
y se guarda en los alvéolos,
donde tu aroma
—lento, persistente—
se desliza
como una caricia
que aprende la piel
de tu cuerpo sobre el mío,
y en ese roce
germina
lo que no se dice:
campos fértiles de gozo
apenas contenidos,
humedecidos
por la memoria líquida
de lo que la piel derrama 

Trémula

Qué noche
la que hoy se apaga
sin decir nada.
Se repliega sobre sí misma,
oscura,
como si evitara mirarse.
La soledad
—que ya conoce esta casa—
se instala
sin esfuerzo.
Y entonces,
un gesto mínimo:
un suspiro
basta
para que vuelvas.
No entera,
no como antes,
sino en esa forma
que solo existe
cuando nadie más mira.
Te pienso
sin querer pensarte.
Y algo en mí
se abre,
aunque no deba.
El corazón insiste.
Late
como si ignorara
lo que la razón repite.
Guardar tu nombre
es una forma de falta.
Nombrarte,
otra.
Y en ese punto
me quedo:
sin decirlo,
sin callarlo.
Porque aún hay algo
—no sé qué—
que se consume
por pronunciarte
en voz alta.
Pero amanece.
Y otra vez
te ocultas
en lo que no digo.

sábado, 21 de abril de 2012

La espera florece

Florece, amor mío.
Tu presencia
irrumpe
en el jardín vacío
de mi espera.
Tu aroma
—rocío de la mañana—
despierta
lo que aún late.
Y en ese instante
todo se abre:
la luz,
el día,
mi respiración.
Traes contigo
el mosto tibio
de un beso
que aún no sucede.
Y al mirarte,
algo se enciende
en medio de lo oscuro,
como si el tiempo
por fin
cediera.

No es decir que te extrañe



No es decir que te extrañe
si te llevo prendida en el pecho,
como un crucifijo
que se clava
y se oculta bajo la ropa.
No es decir que te extrañe
cuando la noche cae en mi cuarto
y enfría esta cama en blanco
donde haces falta,
y tu caricia
y tu enfado
aún conjugan milagros.
No es decir que te extrañe
si tu mirada —luz de luna—
se guarda lejos
y el cielo
no vuelve a sonreír en mí.
No es decir que te extrañe
si tu voz
—apenas aire—
regresa en mis sueños
y en este pensamiento
del que soy prisionero.
No es decir que te extrañe.
Pero el tiempo
se queda suspendido
cada vez que respiro
sin ti.
Y en ese instante
mi vida
se vacía
en un suspiro
incompleto
y callado.

viernes, 20 de abril de 2012

Desajuste

Miro el espacio circundante,
intento perfilarlo todo
con tu mirada.
Registro en la conciencia
—con torpe precisión—
que las formas de la vida,
sin ti,
son apenas un suspiro
que se deshace.
Escucho alrededor
el eco de tu voz,
como si aún pudieras
nombrarlo todo.
Intento sostener el mundo
con lo que queda de ti.
Pero no alcanza.
Todo se vuelve blando,
inútil,
casi falso.
En ese vacío,
las horas pesan,
caen
y se acumulan.
El mundo respira, sí.
Pero mal.
Como si le faltara algo.
Como si le faltaras tú.

viernes, 6 de abril de 2012

Sin ti

Sábanas frías,
tu calor ya no habita.
Cruje la noche.
Olor en la piel,
quedó donde tocabas.
Arde sin fuego.
Vaho en el vidrio,
mi aliento no se mezcla.
Falta el tuyo.
Lengua de silencio,
tu nombre sabe a nada.
Se seca el aire.
Ropa en la silla,
aún guarda tu tibieza.
La toco y no estás.
Agua en mis manos,
no retiene tu forma.
Se escurre todo.
Pulso en la sien,
late donde no llegas.
Duele el espacio.
Luz de la mañana,
entra pero no calienta.
Tu lado es sombra.

lunes, 19 de marzo de 2012

Todo cuanto dejo

Todo cuanto dejo
es mi promesa.
Las heridas en los pies
—de mi tierra—
serán las que abran surco
en tu huerto.
Cargo una maleta
que no alcanza:
la esperanza
y las palabras
que la sostienen.
Solo una vida
que apenas cabe
en este cuerpo.
Y a mis espaldas
todo se queda.
No por olvido,
sino por ti.
Por lo que tu reflejo
dejó en mi mirada.
Dejo mis raíces.
Dejo mis amaneceres.
Solo llevo
los sueños
donde ya habitas.
Y con eso
me basta.

sábado, 10 de marzo de 2012

La forma de tu ausencia

Este tiempo
lo nombro
con tu nombre.
No por costumbre,
sino porque
todo lo que pasa
termina llevándome a ti.
Los días avanzan
sin peso.
Se arrastran.
Y sin tu luz,
se vuelven sombras
que golpean
sin razón.
Hay momentos
—breves—
en los que vuelves.
No completa,
pero suficiente.
Un gesto,
una cercanía,
y de pronto apareces:
clara, tibia y esplendorosa.
Como si el tiempo
se detuviera
solo para sostenerte.
Entonces
todo se ordena.
El tiempo deja de ser ajeno.
Se vuelve nuestro.
Pero no dura.
Nunca dura.
Y cuando te vas,
queda esto:
la certeza
de que perderte
duele más
que cualquier final.
Porque no temo morir.
Temo
que dejes de existir
en mí.

Florecer en Michigan

Algo cede sin romperse. Se afloja desde adentro, como si supiera cuándo. Lo que estaba unido se separa con cuidado, sin prisa, sin ruido. En...