No es decir que te extrañe
si te llevo prendida en el pecho,
como un crucifijo
que se clava
y se oculta bajo la ropa.
No es decir que te extrañe
cuando la noche cae en mi cuarto
y enfría esta cama en blanco
donde haces falta,
y tu caricia
y tu enfado
aún conjugan milagros.
No es decir que te extrañe
si tu mirada —luz de luna—
se guarda lejos
y el cielo
no vuelve a sonreír en mí.
No es decir que te extrañe
si tu voz
—apenas aire—
regresa en mis sueños
y en este pensamiento
del que soy prisionero.
No es decir que te extrañe.
Pero el tiempo
se queda suspendido
cada vez que respiro
sin ti.
Y en ese instante
mi vida
se vacía
en un suspiro
incompleto
y callado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario