Mi pensamiento es deseo,
brasa viva.
Late sin pausa
aunque no estés.
Tu ausencia
lo consume lento,
como un fuego
que no se apaga.
Pero basta un gesto,
una mirada tuya,
para encenderlo de nuevo.
Eres la chispa.
El soplo breve
que lo aviva
y lo incendia todo.
Y en ese ardor
—contenido,
insistente—
se queda mi cuerpo,
esperando.
Aunque tú
estés silente.
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