No viene del silencio.
Viene
de lo que arde dentro.
De lo que empuja
hasta salir.
Nace
en la mano.
Se abre
en la página.
No es limpia.
Se mancha.
Se mezcla
con lo que somos.
Y ahí—
dice.
Lo que no cabía.
Lo que no sabía.
Y después—
se va.
No pertenece.
Deja apenas
el rastro.
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