Otra vez.
La noche abre.
Entrega.
Lo que guarda.
Sin nombre. Sin medida.
La ciudad duerme.
Pero esto ocurre.
Se derrama. Se ofrece. Se inclina.
No hay cuerpo.
Solo superficie que recibe.
Solo flujo que atraviesa.
Como agua. Como boca.
Como sed antigua.
Se aproxima. Se posa.
Se hunde.
Y en ese gesto—
algo queda atado.
Algo cede.
Algo ya no vuelve.
No hay promesa.
Solo repetición.
Rito sin testigos.
Rito sin memoria.
Donde lo que toca
termina por pertenecer.
Y lo que entrega
deja de ser.
Se vuelve cauce.
Se vuelve reflejo.
Se vuelve lo que sacia.
Y lo que consume.
Al mismo tiempo.
Hasta quedar quieto.
Lleno.
Sin falta.
Sin nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario