miércoles, 12 de junio de 2002

Liturgia nocturna

Otra vez.
La noche abre.
Entrega.
Lo que guarda.
Sin nombre. Sin medida.
La ciudad duerme.
Pero esto ocurre.
Se derrama. Se ofrece. Se inclina.
No hay cuerpo.
Solo superficie que recibe.
Solo flujo que atraviesa.
Como agua. Como boca.
Como sed antigua.
Se aproxima. Se posa.
Se hunde.
Y en ese gesto—
algo queda atado.
Algo cede.
Algo ya no vuelve.
No hay promesa.
Solo repetición.
Rito sin testigos.
Rito sin memoria.
Donde lo que toca
termina por pertenecer.
Y lo que entrega
deja de ser.
Se vuelve cauce.
Se vuelve reflejo.
Se vuelve lo que sacia.
Y lo que consume.
Al mismo tiempo.
Hasta quedar quieto.
Lleno.
Sin falta.
Sin nombre.

domingo, 2 de junio de 2002

Decadencia

Déjame, amor, mi decadencia.
Lo que queda de mí
ya es tuyo.
Se me escapa,
no lo detengo.
Es como agua
que no vuelve.
Y en tu cuerpo
encuentra cauce.
Ahí dejo
lo que no supe sostener:
mis dudas,
mis temores,
lo que no fui.
Tu ausencia
lo vuelve todo más claro.
Nada queda intacto.
Ni siquiera yo.
Aun así,
conservo esto:
el deseo
que no se apaga,
la memoria
de tu boca,
lo que fuimos
cuando no importaba nada.
Déjame caer.
Pero que sea en ti.
Porque de esta ruina
—si algo queda—
será lo único
que valga la pena.
Para ti.
Para nosotros.
En el tiempo
que no espera.

jueves, 30 de mayo de 2002

Sin orilla

Se aproxima.
No desde afuera.
Desde dentro.
Como algo
que ya estaba.
Se abre.
Y toma forma
sin nombrarse.
No hay dos.
No hay distancia.
Solo esto
que se junta.
Que se mezcla.
Que borra el límite.
La voz
no distingue origen.
El pulso
no sabe a quién pertenece.
Y sin embargo—
permanece.
Se sostiene.
Se reconoce
sin separarse.
Nada se pierde.
Nada vuelve.
Se integra.
Se disuelve.
En una sola continuidad.
Sin borde.
Sin regreso.
Sin orilla.

viernes, 3 de mayo de 2002

Amorfo

Sin forma
Se mueve.
No se decide.
Ocurre.
La palabra aparece
antes de pensarse.
Y sigue.
Encadena otra.
Y otra.
No hay inicio.
No hay quien empiece.
Solo continuidad.
Un trazo
que no se interrumpe.
Las manos
responden.
Pero no preguntan.
El gesto se cumple.
Sin intención.
Sin motivo.
Se articula sonido.
Se sostiene.
Se repite.
Como si algo
ya supiera
cómo debe hacerse.
Y lo hace.
Sin error.
Sin duda.
No hay distancia
entre lo que ocurre
y lo que se nombra.
Es lo mismo.
Todo coincide.
Todo encaja.
Sin fricción.
Sin borde.
Sin afuera.
Permanece.
Eso que permanece.
Sin forma.
Sin centro.
Sin necesidad de ser.
Y aun así—
sigue.

Michigan

Veo mis pies hundirse en la espesura, desaparecen primero, no hay suelo Solo una resistencia blanca Que parece tragarse lentamente todo Regr...