viernes, 20 de agosto de 1999

sed

Conviértete discreta en mi pecado
para merecer la gloria
y abolir, con deseo, tu ausencia.
Déjame arrepentirme luego,
sentir la verdad
que destiñe de sangre mis adentros
y me hace sucumbir en tus manos.
Conviértete en mi sueño,
perpetuo.
Despiértame solo si muero.
Y así sentir la aspereza
de todo este tramo.
Déjame ser miserable.
No llenes de esperanza mis anhelos,
para desearte
con sed constante.
Pero no olvides
ni siquiera mi suspiro.
Ni castigues con ausencia
mi recuerdo.
Mi alma espera que la presidas.
Déjame volar a tu cielo,
o morir
en este infierno.

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