jueves, 1 de enero de 2026

Michigan

Veo mis pies hundirse en la espesura,
desaparecen primero, no hay suelo
Solo una resistencia blanca
Que parece tragarse lentamente todo
Regresar no sirve se nada, 
Ni volver la vista a lo que fui.

Esta tierra fría me nombra diferente,
y en los ojos ajenos no distingo
si hay curiosidad, distancia o miedo
Entre silencios incómodos 
Las caras no parecen hostiles 
Pero tampoco humanas del todo 
Me miran como si ya supieran
que algo aquí se pierde 

El cielo aquí no se refleja,
se impone, se instala
una losa gris que aplasta el día
y borra toda memoria de azul.
A veces parece que se rompe,
que cae en fragmentos luminosos
Hasta cubrir la tierra
Se acumula, se reorganiza 
hasta confundir el arriba con el abajo,
el cielo con el suelo,
el horizonte con el olvido
Arriba, abajo da igual

El agua, que antes corría libre,
Yo la recuerdo, viva, rápida e imposible 
aquí se detiene.
Se vuelve rígida, inmóvil,
una superficie que engaña.
Que te mira fijamente 
Lo que fue transparente e inasible
hoy quema,
hiere las manos que intentan abrazarla.

El aire aquí tiene dientes
No cede y te agrede
Es un ente con voluntad propia
Frío, violento, imparable 
Y  entonces comprendes 
que no es el invierno lo que duele,
Es que el mundo cambió de reglas
Y yo solo llegué tarde 
para no mirar atrás

sábado, 22 de marzo de 2025

Sonora

 

Sonora,

no compareces como paisaje,
sino como una forma persistente de origen

En ti, la luz no es un fenómeno,
es una afirmación:
se instala, pesa, delimita,
nombra con precisión lo que permanece

He recorrido otras latitudes,
he habitado territorios donde el horizonte
se disuelve en la humedad y la distancia,
pero en ninguno
la tierra pronuncia mi historia
con la exactitud mineral de tus llanuras

 Tus sierras —fracturas antiguas—

no interrumpen el desierto: lo sostienen
Y en esa continuidad austera
aprendí que la intemperie también es abrigo
cuando se reconoce como propia

Hay en tu extensión
un punto que no figura en los mapas,
una coordenada mínima,
irrepetible,

donde la vida dejó de ser promesa
para volverse irrevocable

No lo nombro,
pero todo en mí regresa ahí

Porque todo, lo valioso, lo esencial

Me lo has entregado tú

Desde entonces,

mi manera de estar en el mundo
quedó ligada a tu temperatura,
a la forma en que el sol no concede tregua
y, sin embargo,
permite la persistencia.

Incluso ahora,

a la distancia,

te llevo inscrita
no como símbolo,
sino como trazo:

una delimitación precisa sobre la piel,
un contorno que no pretende representar,
sino recordar
que hubo un territorio capaz de contenerlo todo.

Sonora,
no te pertenezco:
pero estoy atado a tu forma
con la gratitud de quien reconoce


que lo esencial
no se elige,


solo ocurre

y permanece.

 

 

Uriel Flores

Marzo 2026

martes, 23 de mayo de 2023

Cuando pienso en ti

A veces pienso en ti.
No como antes,
sino en esos momentos breves
en que algo se abre
sin aviso.
Te recuerdo así:
pequeña,
apresurada,
escondiendo los pies fríos
entre las sábanas
como si el mundo
no pudiera alcanzarte ahí.
Tu cuerpo,
más que visto,
presentido.
Y en el pecho
todavía ocurre
esa memoria mínima:
la caricia incierta
de tus dedos,
la voz entrecortada
buscando decir algo
que nunca terminaba.
A veces vuelves
no entera,
sino en pedacitos:
un gesto,
un roce,
una respiración agitada .
Y yo
—sin moverme—
escucho
lo que no dijiste 

domingo, 4 de diciembre de 2022

Reencuentro

Esa tarde
te miré a los ojos
otra vez.
No fue el tiempo,
fue algo más breve:
un golpe
que no avisa.
La memoria
no llegó completa,
vino en fragmentos,
en ráfagas,
como aves que alzan vuelo
de pronto
y dejan el árbol
expuesto.
Así quedó el pecho:
abierto.
No dije nada.
Solo respiré
ese aire leve
que traías contigo,
ese movimiento mínimo
de tu cabello
rozando el mundo.
Y en ese instante,
sin buscarlo,
todo lo que creía distante
volvió
sin nombre.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Tahéjöc


No es la niebla la que llega del mar,
sino un aliento seco,
una luz que arde en el aire
y se posa sobre la piel como un recuerdo antiguo.
He caminado lejos,
he visto montañas ajenas
y valles que no pronuncian mi nombre,
pero ninguna distancia logra borrar
el trazo ardiente de tus horizontes.
Tus playas,
oscuras al amanecer,
se abren como cicatrices de arena
bajo un cielo que nunca se rinde.
Y el desierto —
ese incendio detenido—
guarda en silencio
los pasos de quienes aprendimos a mirar
sin esperar sombra.
Atravieso en la memoria
tus tardes encendidas,
cuando el sol se deshace en brasas
y el mundo parece sostenerse
apenas
sobre un hilo de fuego.
Hubo noches,
lo recuerdo,
en que la voz humana
se alzaba contra la inmensidad,
y cantar era una forma de no perderse,
de nombrar la vida
antes de que el viento la reclamara.
En la isla,
hay días en que la luz pesa
y otros en que el llanto se evapora
antes de tocar la tierra,
pero siempre —siempre—
algo en mí regresa
a ese punto exacto
donde el calor no hiere,
sino reconoce.
Como brasas que no se extinguen,
como una herida que no duele,
sino recuerda,
así permaneces:
no como un lugar,
sino como aquello
de lo que nunca se parte del todo.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Combustión

Un día
todo ardió.
No hubo aviso.
El fuego
ya estaba adentro.
No era furia,
era presión acumulada,
una grieta
que terminó por ceder.
Lo demás vino solo:
la caída,
el desorden,
lo que no pudo sostenerse.
Quedó un espacio abierto,
no vacío,
sino saturado
de restos.
Ahí,
entre lo que se vino abajo,
aparecen fragmentos
de algo más antiguo:
una forma de mí
que no sobrevivió.
La juventud
no pasó,
se consumió.
Es ahora
ceniza fría
de un bosque
que aún humea.
Y sin embargo,
debajo,
en lo más oscuro
de la tierra húmeda,
algo persiste.
No lo visible.
Lo que espera.
Lo que no necesita luz
para seguir.

sábado, 10 de octubre de 2020

Inquietud (Insomnio 2)

Un día
todo ardió.
No hubo aviso.
El fuego
ya estaba adentro.
No era furia,
era presión acumulada,
una grieta
que terminó por ceder.
Lo demás vino solo:
la caída,
el desorden,
lo que no pudo sostenerse.
Quedó un espacio abierto,
no vacío,
sino saturado
de restos.
Ahí,
entre lo que se vino abajo,
aparecen fragmentos
de algo más antiguo:
una forma de mí
que no sobrevivió.
La juventud
no pasó,
se consumió.
Es ahora
ceniza fría
de un bosque
que aún humea.
Y sin embargo,
debajo,
en lo más oscuro
de la tierra húmeda,
algo persiste.
No lo visible.
Lo que espera.
Lo que no necesita luz
para seguir.

jueves, 10 de septiembre de 2020

La peste

La tragedia que hoy nos alcanza
no llegó con estruendo,
vino en la boca,
en el aire,
en lo que no se ve
y sin embargo habita.
Nos cerraron las puertas
—o las cerramos—
y aprendimos a temer
el aliento del otro.
La muerte,
paciente,
recorre las casas
sin tocar.
Se lleva primero
a quienes ya estaban cansados,
y deja atrás
a los que aún no comprenden.
En algunas habitaciones
la risa persiste,
no como burla,
sino como ignorancia
de lo irreversible.
La ciudad se vacía.
Las calles,
por primera vez,
no nos necesitan.
Algo respira mejor
sin nosotros.
Las aves bajan,
las flores ocupan el espacio,
las bestias —reales o imaginadas—
recuperan el territorio
que creímos nuestro.
Y mientras tanto,
seguimos esperando
alguna forma de redención:
una fecha,
un rito,
una promesa repetida
cada año.
Pero no hay voz
que ordene el caos.
Ni señal
que nos devuelva medida.
Solo este silencio,
extendido,
como si el mundo
hubiera decidido
detenerse
sin pedirnos permiso.
Lo demás
—lo que fuimos—
quedará
para después.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Palabras en el tintero

Hay palabras
que no llegan a nacer.
Se quedan ahí,
espesas,
sin forma,
rozando apenas
lo que pudieron haber sido.
No son silencio,
son algo peor:
un ruido detenido
en la garganta.
Una boca abierta
que nadie escucha.
Hay un pulso insistente
en lo que no se dijo,
como si el tiempo
no hubiera sido suficiente
para sostenerlo.
Quedó a medias,
como un gesto
interrumpido por la duda,
como un cuerpo
que no termina de entregarse.
¿Dónde van
esas palabras?
¿En qué parte del recuerdo
se acomodan
sin deshacerse?
Lo que se forjó
a golpes de insistencia,
lo que parecía destinado
a quedarse,
termina reducido
a un instante
que vuelve
cada vez que lo nombras.
Y sin embargo,
siguen ahí.
Con una urgencia oscura
por existir,
girando sin peso,
sin destino,
esperando una superficie
que las soporte,
una mano
que se atreva
a darles forma.

martes, 14 de julio de 2020

Ella

Tiempo,
no como juez,
sino como aquello
que no se detiene
aunque uno insista.
Te nombro
y no apareces.
Pero estás
en todo lo que falta.
Devuélveme
no los años,
sino las escenas:
el barrio,
los zaguanes abiertos,
el olor a café
subiendo por la mañana,
un grito atravesando la calle
como si todavía importara.
Las azoteas,
los balcones
donde la vida parecía quedarse
un poco más.
Ahí sigo,
aunque ya no esté.
Tú pasaste,
y no te llevaste nada:
fui yo
quien no supo quedarse.
Ahora lo entiendo.
No eras enemigo.
Eras camino.
Y al final,
cuando mi nombre
ya no me pertenezca,
cuando alguien más
ocupe este lugar que ahora habito,
serás tú
quien me termine de borrar.
Por eso te pido
no que regreses,
sino que me dejes
mirar sin prisa
lo que ya no volverá 

viernes, 17 de abril de 2020

Tempo

Tiempo,
no como juez,
sino como aquello
que no se detiene
aunque uno insista.
Te nombro
y no apareces.
Pero estás
en todo lo que falta.
Devuélveme
no los años,
sino las escenas:
el barrio,
los zaguanes abiertos,
el olor a café
subiendo por la mañana,
un grito atravesando la calle
como si todavía importara.
Las azoteas,
los balcones
donde la vida parecía quedarse
un poco más.
Ahí sigo,
aunque ya no esté.
Tú pasaste,
y no te llevaste nada:
fui yo
quien no supo quedarse.
Ahora lo entiendo.
No eras enemigo.
Eras camino.
Y al final,
cuando mi nombre
ya no me pertenezca,
cuando alguien más
ocupe este lugar que ahora habito,
serás tú
quien me termine de borrar.
Por eso te pido
no que regreses,
sino que me dejes
mirar sin prisa
lo que ya no volverá 

lunes, 15 de abril de 2019

Migrantes

Tiempo,
no como juez,
sino como aquello
que no se detiene
aunque uno insista.
Te nombro
y no apareces.
Pero estás
en todo lo que falta.
Devuélveme
no los años,
sino las escenas:
el barrio,
los zaguanes abiertos,
el olor a café
subiendo por la mañana,
un grito atravesando la calle
como si todavía importara.
Las azoteas,
los balcones
donde la vida parecía quedarse
un poco más.
Ahí sigo,
aunque ya no esté.
Tú pasaste,
y no te llevaste nada:
fui yo
quien no supo quedarse.
Ahora lo entiendo.
No eras enemigo.
Eras camino.
Y al final,
cuando mi nombre
ya no me pertenezca,
cuando alguien más
ocupe este lugar que ahora habito,
serás tú
quien me termine de borrar.
Por eso te pido
no que regreses,
sino que me dejes
mirar sin prisa
lo que ya no volverá 

Michigan

Veo mis pies hundirse en la espesura, desaparecen primero, no hay suelo Solo una resistencia blanca Que parece tragarse lentamente todo Regr...