Veo mis pies hundirse en la espesura,
desaparecen primero, no hay suelo
Solo una resistencia blanca
Que parece tragarse lentamente todo
Regresar no sirve se nada,
Ni volver la vista a lo que fui.
Esta tierra fría me nombra diferente,
y en los ojos ajenos no distingo
si hay curiosidad, distancia o miedo
Entre silencios incómodos
Las caras no parecen hostiles
Pero tampoco humanas del todo
Me miran como si ya supieran
que algo aquí se pierde
El cielo aquí no se refleja,
se impone, se instala
una losa gris que aplasta el día
y borra toda memoria de azul.
A veces parece que se rompe,
que cae en fragmentos luminosos
Hasta cubrir la tierra
Se acumula, se reorganiza
hasta confundir el arriba con el abajo,
el cielo con el suelo,
el horizonte con el olvido
Arriba, abajo da igual
El agua, que antes corría libre,
Yo la recuerdo, viva, rápida e imposible
aquí se detiene.
Se vuelve rígida, inmóvil,
una superficie que engaña.
Lo que fue transparente e inasible
hoy quema,
hiere las manos que intentan abrazarla.
El aire aquí tiene dientes
No cede y te agrede
Es un ente con voluntad propia
Frío, violento, imparable
Y entonces comprendes
que no es el invierno lo que duele,
Y yo solo llegué tarde
para no mirar atrás




