viernes, 4 de diciembre de 2020

Combustión

Un día
todo ardió.
No hubo aviso.
El fuego
ya estaba adentro.
No era furia,
era presión acumulada,
una grieta
que terminó por ceder.
Lo demás vino solo:
la caída,
el desorden,
lo que no pudo sostenerse.
Quedó un espacio abierto,
no vacío,
sino saturado
de restos.
Ahí,
entre lo que se vino abajo,
aparecen fragmentos
de algo más antiguo:
una forma de mí
que no sobrevivió.
La juventud
no pasó,
se consumió.
Es ahora
ceniza fría
de un bosque
que aún humea.
Y sin embargo,
debajo,
en lo más oscuro
de la tierra húmeda,
algo persiste.
No lo visible.
Lo que espera.
Lo que no necesita luz
para seguir.

sábado, 10 de octubre de 2020

Inquietud (Insomnio 2)

Algo en mí
empieza a descomponerse
cuando cae la noche.
No es el cuerpo.
Es otra cosa.
Una caída lenta,
sin fondo,
como si el pensamiento
no encontrara dónde detenerse.
Los grillos insisten.
El desierto responde
con un eco
que no es del todo real.
Hay algo más.
No lo veo,
pero está.
Se mueve en los bordes,
donde la luz ya no alcanza.
El rechinar de los dientes
no es sonido:
es señal.
El cuerpo, tibio,
todavía resiste.
Me incorporo.
Respiro.
Compruebo,
con una certeza incómoda,
que aún no soy un cadáver.
No uno frío,
al menos.
Las horas avanzan
sin orden,
como si alguien más
las estuviera contando.
Y entonces aparecen.
No figuras,
no sombras,
sino esa sensación
de estar siendo observado
desde adentro.
De ser medido,
pesado,
expuesto.
No dicen nada.
No hace falta.
Saben.
Y eso basta.

jueves, 10 de septiembre de 2020

La peste

La tragedia que hoy nos alcanza
no llegó con estruendo,
vino en la boca,
en el aire,
en lo que no se ve
y sin embargo habita.
Nos cerraron las puertas
—o las cerramos—
y aprendimos a temer
el aliento del otro.
La muerte,
paciente,
recorre las casas
sin tocar.
Se lleva primero
a quienes ya estaban cansados,
y deja atrás
a los que aún no comprenden.
En algunas habitaciones
la risa persiste,
no como burla,
sino como ignorancia
de lo irreversible.
La ciudad se vacía.
Las calles,
por primera vez,
no nos necesitan.
Algo respira mejor
sin nosotros.
Las aves bajan,
las flores ocupan el espacio,
las bestias —reales o imaginadas—
recuperan el territorio
que creímos nuestro.
Y mientras tanto,
seguimos esperando
alguna forma de redención:
una fecha,
un rito,
una promesa repetida
cada año.
Pero no hay voz
que ordene el caos.
Ni señal
que nos devuelva medida.
Solo este silencio,
extendido,
como si el mundo
hubiera decidido
detenerse
sin pedirnos permiso.
Lo demás
—lo que fuimos—
quedará
para después.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Palabras en el tintero

Hay palabras
que no llegan a nacer.
Se quedan ahí,
espesas,
sin forma,
rozando apenas
lo que pudieron haber sido.
No son silencio,
son algo peor:
un ruido detenido
en la garganta.
Una boca abierta
que nadie escucha.
Hay un pulso insistente
en lo que no se dijo,
como si el tiempo
no hubiera sido suficiente
para sostenerlo.
Quedó a medias,
como un gesto
interrumpido por la duda,
como un cuerpo
que no termina de entregarse.
¿Dónde van
esas palabras?
¿En qué parte del recuerdo
se acomodan
sin deshacerse?
Lo que se forjó
a golpes de insistencia,
lo que parecía destinado
a quedarse,
termina reducido
a un instante
que vuelve
cada vez que lo nombras.
Y sin embargo,
siguen ahí.
Con una urgencia oscura
por existir,
girando sin peso,
sin destino,
esperando una superficie
que las soporte,
una mano
que se atreva
a darles forma.

martes, 14 de julio de 2020

Contemplación

Tiempo,
no como juez,
sino como aquello
que no se detiene
aunque uno insista.
Te nombro
y no apareces.
Pero estás
en todo lo que falta.
Devuélveme
no los años,
sino las escenas:
el barrio,
los zaguanes abiertos,
el olor a café
subiendo por la mañana,
un grito atravesando la calle
como si todavía importara.
Las azoteas,
los balcones
donde la vida parecía quedarse
un poco más.
Ahí sigo,
aunque ya no esté.
Tú pasaste,
y no te llevaste nada:
fui yo
quien no supo quedarse.
Ahora lo entiendo.
No eras enemigo.
Eras camino.
Y al final,
cuando mi nombre
ya no me pertenezca,
cuando alguien más
ocupe este lugar que ahora habito,
serás tú
quien me termine de borrar.
Por eso te pido
no que regreses,
sino que me dejes
mirar sin prisa
lo que ya no volverá 

Ontología de la palabra (Colección del Libro de la peste 2022)

  No la poseo. La pronuncio. Y aun así— no es mía. La palabra no nace en la boca. La boca la atraviesa. Tampoco en la mano. La mano a...