jueves, 20 de junio de 2013

Taza de café

Llueve en la ciudad.
Y pienso en ti.
La tierra mojada
deja en el aire
un rastro
que se parece a tu boca.
Cierro los ojos.
Y ahí estás.
El sabor leve,
la humedad contenida,
como si aún quedara
algo tuyo
en mis labios.
Llueve.
Y mientras llueve
te nombro sin decirlo,
te acerco sin tocarte.
El café humea
entre mis manos,
y en cada sorbo
vuelves,
tibia,
persistente.
Como si la distancia
no alcanzara.
Como si el cuerpo
recordara solo.
Y entonces
todo se reduce a esto:
la lluvia,
el vapor,
mi respiración…
y tu ausencia
ocupándolo todo
Como en esta taza de café 

Incertidumbre

Recuerdos,
despojos de un instante
que el ayer arroja
en retazos,
difusos y erráticos,
a mi yermo presente.
Estiro mis manos temblorosas
para alcanzarlos,
para reconstruir la memoria
de ese retablo amorfo
que llaman realidad,
hoy vuelta azoro
que oscurece, a destiempo,
el mañana.
Se me ha perdido el rumbo
en la inopia de mi propia indecisión.
He hecho de las horas prisioneras,
colmando el mundo de inquietud
en los días perennes de este exilio,
de una tierra sin patria
a la que no pertenezco,
hacia un lugar que desconozco,
sin saber
a dónde voy.

Michigan

Veo mis pies hundirse en la espesura, desaparecen primero, no hay suelo Solo una resistencia blanca Que parece tragarse lentamente todo Regr...