jueves, 26 de julio de 2012

Pudor

En la inverosímil penumbra
nuestra intimidad nocturna.
En esta noche que declina,
tu desnudez,
resplandeciente,
todo lo ilumina.

silenciosa

Mi pensamiento es deseo,
brasa viva.
Late sin pausa
aunque no estés.
Tu ausencia
lo consume lento,
como un fuego
que no se apaga.
Pero basta un gesto,
una mirada tuya,
para encenderlo de nuevo.
Eres la chispa.
El soplo breve
que lo aviva
y lo incendia todo. 
Y en ese ardor
—contenido,
insistente—
se queda mi cuerpo,
esperando.
Aunque tú
estés silente.

Tu aroma

Hay un tanto de ti,
un tanto de mí
en este aire tibio
que se respira
y se guarda en los alvéolos,
donde tu aroma
—lento, persistente—
se desliza
como una caricia
que aprende la piel
de tu cuerpo sobre el mío,
y en ese roce
germina
lo que no se dice:
campos fértiles de gozo
apenas contenidos,
humedecidos
por la memoria líquida
de lo que la piel derrama 

Trémula

Qué noche
la que hoy se apaga
sin decir nada.
Se repliega sobre sí misma,
oscura,
como si evitara mirarse.
La soledad
—que ya conoce esta casa—
se instala
sin esfuerzo.
Y entonces,
un gesto mínimo:
un suspiro
basta
para que vuelvas.
No entera,
no como antes,
sino en esa forma
que solo existe
cuando nadie más mira.
Te pienso
sin querer pensarte.
Y algo en mí
se abre,
aunque no deba.
El corazón insiste.
Late
como si ignorara
lo que la razón repite.
Guardar tu nombre
es una forma de falta.
Nombrarte,
otra.
Y en ese punto
me quedo:
sin decirlo,
sin callarlo.
Porque aún hay algo
—no sé qué—
que se consume
por pronunciarte
en voz alta.
Pero amanece.
Y otra vez
te ocultas
en lo que no digo.

Michigan

Veo mis pies hundirse en la espesura, desaparecen primero, no hay suelo Solo una resistencia blanca Que parece tragarse lentamente todo Regr...