miércoles, 25 de marzo de 2026

Ontología de la palabra (Colección del Libro de la peste 2022)

 

No la poseo.

La pronuncio.

Y aun así—

no es mía.

La palabra no nace en la boca.

La boca la atraviesa.

Tampoco en la mano.

La mano apenas la fija

por un instante.

Antes de eso—

ya estaba.

No como sonido.

No como signo.

Sino como posibilidad.

Como forma latente

de lo que aún no es dicho.

La nombro

y algo se ordena.

Pero ese orden

no me pertenece.

Solo coincide conmigo

por un momento.

Luego se desplaza.

Se reconfigura.

Se rehace en otros.

La palabra no permanece.

Evoluciona.

Pero en esa mutación

conserva algo 

una huella

que no depende del cuerpo

que la emitió.

Por eso persiste.

Aunque la voz cese,

aunque la memoria falle,

aunque el tiempo erosione

todo lo demás.

La palabra continúa.

No como eco.

Como estructura.

Como aquello

que sostiene lo que es

al ser nombrado.

   El libro de la peste, nació como una acumulación de notas, hojas sueltas, pensamientos dispersos y poemas inconclusos que fui reuniendo durante las primeras semanas de la pandemia hasta casi finales del 2022. En ese encierro forzado descubrí algo inquietante: cada vez que volvía a leer lo que ya había escrito, el texto no permanecía igual. Algo en él se desplazaba. Cambiaba. Me obligaba a intervenirlo otra vez—tachar, borrar, arrancar, reescribir. No era el mismo texto. Y tampoco era ya el mismo yo. Fue ahí donde surgió este poema. Porque entendí que la palabra no es fija. No es un objeto terminado. Es un ente vivo, orgánico, que se rehace cada vez que se pronuncia o se relee. Todo lo que he puesto en papel o a treves de un teclado no queda inmóvil. Vuelve. Se transforma. Se reorganiza. Y en ese proceso, lo que alguna vez tuvo un origen, sufre una metamorfosis que termina por emerger como otra cosa: un nuevo organismo, que aún conserva, en alguna parte, la huella de lo que lo hizo nacer. 

Uriel Flores. Sonora, México 2022


Ontología de la palabra (Colección del Libro de la peste 2022)

  No la poseo. La pronuncio. Y aun así— no es mía. La palabra no nace en la boca. La boca la atraviesa. Tampoco en la mano. La mano a...