No por largas,
sino por vacías.
Algo se mueve
sin intención,
sombras que cruzan
sin detenerse.
Y en medio,
esto:
un latido
que insiste
apenas.
Luego cede.
Se escurre lento,
como hiel
entre los poros,
gota a gota
hasta no quedar
más que rastro.
Una mancha.
Algo que fue.
Cuando tú no estás.
El tiempo no avanza.
Se repite.
Se encierra
en un mismo pulso
que no alcanza a romper.
Solo el péndulo sigue,
marcando,
sin descanso,
lo que no vuelve.
Y el día llega
igual que siempre,
pero sin peso,
sin forma,
sin ti.
Cuando tú no estás.
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