Tu presencia
irrumpe
en el jardín vacío
de mi espera.
Tu aroma
—rocío de la mañana—
despierta
lo que aún late.
Y en ese instante
todo se abre:
la luz,
el día,
mi respiración.
Traes contigo
el mosto tibio
de un beso
que aún no sucede.
Y al mirarte,
algo se enciende
en medio de lo oscuro,
como si el tiempo
por fin
cediera.