martes, 22 de agosto de 2000

Epilogo, epitafio

Aquí yace mi tesoro.
Una parte de mi vida
que arranqué de mis entrañas.
Más que sangre, carne y hueso,
es refugio de mi alma.
No es secuela de recuerdos
ni de los años.
Tampoco huella del tiempo,
ni cicatriz
de los arrebatos
que el amor dejó.
Aquí yace mi tesoro:
un tanto absurdo,
irónico,
abstracto,
pero íntegro,
sincero.
Quizás incomprendido,
hasta ahora ignorado.
No es la quimera de una vida,
pero sostiene
el equilibrio de mi ser.
Y en fragmentos
dibuja una utopía
que aún me mira de frente.
Abnegada,
apacible,
mi imaginación,
doblegada,
ebria de desvelos
y desencuentros,
Pero que jamás
 fueron en vano.

miércoles, 16 de agosto de 2000

Domingo

Abre los ojos la luz
y despierta
de un sueño profundo.
Domingo llega,
silencioso,
bajo una brisa leve.
El cielo se inclina
sobre la mañana pálida,
fría.
Domingo avanza,
sin decir nada.
La tarde se abre
como un acorde lento
sobre plazas y prados.
Y en su curso,
se apagan los cantos,
las voces,
lo que alguna vez fue celebración.
Las horas se vuelven densas.
Pesan.
Como ritos sin fe,
como pasos
que no llevan a ningún sitio.
Y entonces,
en el último tramo,
algo cede.
El ocaso arrastra la luz
sin resistencia.
Y el día,
ya sin forma,
termina
en manos de la noche
Apagando la lumbrera. 

Michigan

Veo mis pies hundirse en la espesura, desaparecen primero, no hay suelo Solo una resistencia blanca Que parece tragarse lentamente todo Regr...