Al cabo del tiempo
no hubo elección.
Aquí vienes.
Arrancado de lo informe,
arrojado
a una luz que no pediste.
Respiras
porque no hay otra cosa que hacer.
Esta tierra
no te espera.
Te impone.
Te nombra
sin preguntarte.
Aquí vienes
de un silencio
que no volverás a conocer.
Y avanzas,
aunque no sepas
hacia qué.
Las aristas de esta vida
caerán en tus manos
y en las mías.
Cortarán.
Sin aviso.
Sin sentido.
Y en cada herida
aprenderás lo mismo:
que nada sostiene,
que todo cede.
Los lazos se tensan
hasta romperse.
No por fuerza,
por desgaste.
Y entonces entenderás
demasiado tarde
que no viniste
a salvarte.
Viniste
a repetir.
Y aun así,
cuando te sueltes
—o te suelten—
tu libertad será mi redención y mi legado.