Celos
Sin saberlo,
amor,
no lo sabía.
Estaban ahí,
adheridos,
como musgo
en lo más hondo.
Silenciosos.
Esperando.
No llegaron de golpe.
Crecieron.
Oscuros,
lentos,
hasta ocuparlo todo.
Ahora tiran de mí
desde dentro.
Como anzuelos.
No en la piel.
Más abajo.
Donde duele de verdad.
Las palabras
ya no salen limpias.
Se traban,
se rompen,
se vuelven ironía.
Y tú no estás.
Eso es lo peor.
Porque tu ausencia
no los calma.
Los alimenta.
Los vuelve más densos.
Más torpes.
Más míos.
Y entonces entiendo:
no es lo que haces.
Es lo que imagino.
Y eso
no tiene defensa.
Solo queda esto:
la miel
que alguna vez fue dulce,
volviéndose rancia
en mi boca.